Plum Glisse
Parte 1 Desencuentro
1
Entró en el bar y se sentó suavemente, deslizando su pollera en la oscura madera de la silla. Se sacó rapidamente el abrigo y lo colgó en el respaldo. La atendió un mozo amable de unos 50 años, alto, canoso y parecía tener apuro. Ella simplemente ordenó un té y de su cartera sustrajo un libro “La insoportable levedad del Ser” de Milan Kundera y como si no quisiera perder ni un minuto más en ésta tierra, se sumergió en él, y dejó de prestarle atención a lo que acontecía a su alrededor. Él estaba sentado a más de cuatro mesas enfretadas a ella, pero de espaldas. Iba acompañado de una mujer. No paraban de charlar, y él estaba comenzando a enfurecerse. La mujer le reprochaba el poco tiempo que le dedicaba y que su trabajo comenzaba a agobiarle. El hombre era apuesto, no llegaba a los 40 años, tenía tez trigueña, ojos negros y pelo oscuro y lacio. Tenía una buena contextura física, medía 1.80 y unos rasgos muy finos en su cara. La mujer que lo acompañaba era más bien de tez blanca, colorada, de rasgos algo bruscos, y ojos claros. No dejaban de discutir, y cada vez su voz se alzaba más. Varias personas cercanas a su mesa comenzaban a preocuparse y mirarlos con cierto temor. Él lo notó, por lo que silenció, tomó su abrigo, dejó dinero en la mesa y se levantó sin emitir palabra alguna. La mujer rubia se quedó sentada, sin entender qué había sucedido. Milena se desconcentró de su libro al oír semejante barullo y pronto lo vio saliendo por la puerta principal y miles de recuerdos inundaron su cabeza. Tuvo que abandonar su lectura, ya que los pensamientos volvían una y otra vez a interrumpirle. Era una mujer de unos 30 y pico, de pello castaño, largo y ondeado y ojos del mismo color. El bar que yacía en una esquina importante de ésta bellísima ciudad, quedó por varios segundos mudo mientras Facundo salía apresuradamente de éste. Pero al cabo de unos instantes la gente se reincorporó y el barullo habitual volvió a la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario